© Diario El País 2002-11-28
LAIA REVENTÓS
Leche, conservas, pasta, legumbres... Rubén Petilo prepara el primer envío de comida para su madre, Adila, de 78 años. Él vive en Teià (Barcelona). Ella en el gran Buenos Aires. La cesta de la compra no llegará por barco ni por avión sino por Internet, gracias al servicio de compras de una cadena de supermercados.
"El sistema es muy fácil. Basta con rellenar el formulario en la página de Disco. Piden los datos personales y la tarjeta de crédito de la persona que paga. También los datos del domicilio de entrega en Argentina. Después esperas unas 48 horas hasta que el súper te notifica por correo electrónico que ya puedes comprar", cuenta Petilo.
Marcelo Ploder, gerente de servicios al cliente de Disco, explica que el sistema funciona desde octubre de 2001: "La primera petición llegó de un cliente en especial, en Australia, y lentamente se fueron incorporando más clientes en la medida en que el país afrontaba la crisis. Hoy tenemos más de 100 personas que compran desde el exterior".
La asociación Diezeuros.org también encarga compras por Internet a supermercados Disco. Y la cesta la reciben 29 comedores infantiles en Argentina. "Cada socio dona 10 euros. Con 10 socios (100 euros, unos 350 pesos) cubrimos un hogar infantil y conseguimos llenar un carrito y medio de compra", cuenta Nancy Cosentino, responsable de esta ONG fundada en España.
Diezeuros.org sólo opera por Internet. "Es fácil, rápido, seguro y transparente. Sabes que los alimentos no se extravían por el camino. El martes hacemos la compra y el viernes llega el pedido al comedor infantil".
La llegada efectiva del socorro es normalmente el mayor problema con el que se encuentran las ONG que operan en situaciones de emergencia; de tal forma que la única forma de garantizarlo es enviar al lugar emisarios de la propia ONG, lo que redunda en un aumento de gastos. "En Diezeuros", dice Cosentino, "todo se confirma por e-mail. Si no hay e-mail no volverá a haber comida".
A las 24 horas de recibir el carrito de la compra, el responsable del hogar infantil escribe un e-mail donde detalla la fecha de llegada, los productos y las cantidades recibidas. El informe llega a los 331 socios de 26 países que la ONG ha reclutado desde febrero, cuando se fundó en Madrid. Como Norberto Marino, un argentino que lleva 16 años en España. "Me adherí por su transparencia: nadie mete la mano en la lata".
Diezeuros.org gasta mensualmente 2.900 euros en los 29 comedores infantiles y ha conseguido que Disco "respete el valor de la compra en red sin sufrir variaciones de precios por la inflación", cuenta Cosentino.
Esta semana añaden a su lista el hogar Nazareth de San Miguel de Tucumán -capital de la provincia que sufre los mayores problemas de desnutrición en un país con 56 millones de cabezas de ganado y que produjo 2.450.000 toneladas de carne-. El hogar Nazareth atiende a 300 niños.
También cuenta sobre el terreno con una red de 27 colaboradores. Su misión es fundamental: vigilan que las instituciones existan, que se dediquen a niños y que no redistribuyan los alimentos a terceros.
Silvia Páez, de 52 años de edad, los coordina para que visiten periódicamente los hogares, para que efectúen controles o verifiquen las condiciones de atención a los niños. En una ocasión, recuerda Páez, la Fundación Pidmer no mandaba el e-mail. "El enlace fue a ver lo que ocurría. Su sorpresa fue brutal: les habían robado los hilos de cobre del cable telefónico".
Otras iniciativas aprovechan Internet para paliar los efectos de la crisis económica y social que vive Argentina. Por ejemplo, porloschicos.com. Cada vez que un internauta entra en la página cuatro empresas donan una ración de comida. El sitio también da cuenta de la magnitud de la situación: "Los pobres son más de 19,1 millones, lo que eleva la tasa al 54,7% de la población total".
ASPA (Acción Solidaria con el Pueblo Argentino) envió el 31 de octubre 90 cajas, con ropa, útiles escolares y algunos medicamentos al centro de salud de Villa Fiorito. En su página se lee: "Somos conscientes de que no es mucho, pero creemos que el esfuerzo ha valido la pena. La solidaridad hay que cultivarla todos los días, no puede ser sólo un impulso que alivie momentáneamente nuestras conciencias".
A Petilo, de 49 años, sólo le queda resolver un "problema doméstico" para encargar la próxima cesta de la compra que recibirá su madre en Argentina. "Ella quiere recoger el pedido en la tienda. Y nosotros -su hermano también colabora en la iniciativa- queremos que Disco se lo lleve a casa".
© Diario El País 2002-11-28